Un retrato íntimo donde la feminidad se fragmenta en luz, color y emoción, con una clara influencia manga y estética oriental en el rostro y la expresión.
Tonos rosados y violetas se deslizan por la piel como si la imagen estuviera fallando, creando un efecto glitch que mezcla lo digital con lo pictórico de forma muy sutil y poética.
Una obra pequeña en formato, pero enorme en sensibilidad, que habla de belleza imperfecta, fragilidad y de esos instantes donde algo se rompe… y aparece lo más auténtico. Técnica mixta sobre lienzo · 12 × 12 cm